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dijous, 17 de març del 2016

DRAKE: música para mayores de 18 años

Una de las tendencias más claras de la música comercial desde hace ya casi 20 años es la hipersexualización de sus estrellas femeninas. Sí, todo lo empezó Madonna en los 80, ella es la responsable de todo esto, pero en el fondo lo que ella hizo en su momento y la explosión de pseudo reinas del pole dancing de los últimos lustros parece tener paternidad masculina y negra. En el fondo lo de Madonna es como una mezcla del rollo de la Olivia Newton-John de "Grease" y la sensualidad
Drake (fuente: www.rollingstone.com)
de Prince. Del mismo modo la deriva pornográfica de las estrellas del pop desde principios de los 2000 quizá no nos hubiera llevado a donde estamos sin el D'Angelo de "Untitled (How does it feel)" (2000). El brindis por la carne de Prince y d'Angelo, con significaciones de todo tipo, desde muestra de fragilidad a entrega al sexo y a la vida sin tapujos, fue raudamente canalizado hacia algo que podía vender más: que un hombre se exhiba así tiene una riqueza y un valor significativos; que lo haga una mujer, y una mujer que no es más que una marioneta en manos de hombres que dirigen su carrera, algo que resulta desde molesto a escandaloso o casi delictivo. Estas Rihannas, Miley Ciruses y demás ofrecen sus carnes para regocijo de pajilleros, para que todo el mundo se tire como loco a ver sus vídeos y así obtener una difusión que parece que no podrían obtener de otro modo. No sé cómo lo verán los adolescentes, con sus ojos limpios de prejuicios y menos proclives al escándalo que cuarentonas como yo; eso es otra cuestión. Quizá no vean más que el aspecto lúdico del tema, la belleza de los cuerpos, la lascivia tan atrayente de las coreografías, y no más que eso. Quizá la agresiva asimilación de la estética del strip-tease y del pole dancing sirva para poner una barrera entre ellos y nosotros, los adultos, a los que el evidente sexismo de la cuestión, pues siempre son mujeres las que se despelotan, nos saca de quicio.

Los hombres que hacen pop o r'n'b, en este panorama, se reservan el título de usuarios descarnados de las mujeres, que suelen aparecer casi desnudas o sin casi en sus vídeos. Están los blancos, Justin Timberlake, últimamente Justin Bieber y, claro, Robin Thicke, con su r'n'b de ojos azules en general cuidado, bien hecho, buen pop industrial, como el de las divas strippers, y luego están los negros, Drake y The Weeknd, que, a diferencia de los anteriores escriben sus canciones, tienen cosas que contar, suelen hacer uso de una sinceridad sangrante y también de un lenguaje muy guarro. Son el reverso oscuro y terrible de la masculinidad de Prince y d'Angelo: los hombres como ese Otro inaccesible, tiránico, incapaz de sentir, incapaz de dar amor y engendrar vida. Frente a las divas porno, esas mujeres de plexiglás que no llegan ni a muñecas hinchables, hombres altivos que hacen uso del para ellos sexo débil a su antojo, sin reparar en gastos ni en daños colaterales. Es el reparto que hoy día se da en el mainstream entre hombres y mujeres. Y frente a esta realidad que nos deja atónitos a los espectadores de más edad hay, en cambio, mejor música comercial que en décadas. Quizá sólo en los 50 y los 60 hubo tanta buena música concebida por la industria.

El panorama sexista e hipersexualizado ha permeado de algún modo también en la música indie. Hay, al menos dos artistas que lo han adoptado de alguna forma. Una es Lana del Rey, que se dio a conocer también como una sex symbol nada remilgada, en temas espléndidos en los que mostraba su total sumisión a su tirano tipo Drake o The Weeknd. Otra, no tan avidente, es Julia Holter, quien en "Loud city song" de 2013 y "Have you in my wilderness" de 2015 refleja en sus letras atravesadas de emociones lacerantes y humillación sin límites esa clase de heroína sometida que está implícito en la extraña cosmogonía de la música popular actual.

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Sin embargo Drake también fue un chaval inocente, sueño de futuro yerno. Resulta que fue actor de culebrón televisivo adolescente. Y mientras estuvo dentro de ese mundo hizo sus contactos para empezar una afición que entonces podría parecer un mero entretenimiento que le recordase que, por encima de los exigentes horarios que una adivina en el mundo televisivo era un chico joven con ganas de diversión. Me refiero al hip hop.

En realidad la vena artística de Drake le venía de familia. Su padre, Dennis Graham, fue baterísta profesional (teclista según otras fuentes, como http://themedizine.com/), y llegó a tocar con Jerry Lee Lewis. Era oriundo de Memphis, Tennessee, si bien Drake, de nombre completo Aubrey Drake Graham, vino al mundo a miles de kilómetros de la cuna del rock & roll, en Toronto, Canadá, en 1986. Allí residía Graham con su entonces esposa, Sandi (de soltera Sher), una profesora blanca judía. No duró mucho la paz conyugal : Dennis, un liante en el límite de la marginalidad, acabaría estropeándolo todo.
Drake de bebé con su padre Dennis Graham (fuente: http://themedizine.com/drake-graba-un-nuevo-tema-junto-a-su-padre-dennis-graham/)
Del barrio bueno donde pasó el matrimonio sus primeros años se trasladaron a Memphis, donde residieron un tiempo, al parecer (no queda claro en el artículo de wikipedia del que saco esto). Allí Dennis fue arrestado y acabó en la cárcel: resultó ser un camello. Drake recuerda cómo en una ocasión fue detenido en su presencia. Estas circunstancias motivaron que el matrimonio se deshiciera. Era 1991. El divorcio de sus padres fue un trago muy duro de digerir.

A pesar de la pronta separación de Drake y su padre Dennis éste le dio lecciones de piano cuando aún vivían juntos (http://loud.boomchampionstt.com/drake-does-collab-with-his-father-cham-to-drop-new-album-in-2014/).

Sandi Graham y el pequeño Aubrey (fuente: www.dcstreetwear.com)
Ya en Toronto con su madre las cosas no mejoraron pues Sandi no ganaba lo suficiente para mantener unas condiciones de vida dignas. Vivieron errantes, en diferentes apartamentos de alquiler. En algún sitio define Drake esa situación como de bancarrota. Por entonces la familia subsistía con una minúscula pensión por discapacidad que recibía Sandi, quien había desarrollado una artritis reumatoide que le impedía trabajar (http://www.rollingstone.com/music/news/drake-high-times-at-the-yolo-estate-20140213).

Pero había que guardar las apariencias, así que finalmente se acomodaron en un barrio de gente pudiente: "Resulta que mi madre es judía. Ella quería lo mejor para nosotros. Nos metió en una como medio casa.

Una gente vivía en la parte de arriba. Yo vivía en el sótano y mi madre en el primer piso. No era una casa grande ni lujosa. Era lo que podíamos permitirnos", concluye Drake con orgullo (http://www.dailymail.co.uk/tvshowbiz/article-2322326/Drake-goes-stroll-diminutive-mother-Sandy-Toronto.html).

Este panorama sombrío en lo económico se veía aligerado por la ayuda económica de uno de los hermanos de Sandi. Éste tenía una empresa de productos para bebés -cunas, colchones, silletas de coche- (rollingstone.com).

En el artículo de Rolling Stone citan declaraciones de Sandi, en las que ella da a entender que la gris situación económica de la familia probablemente empujó a Drake a tratar de moverse y buscarse las habichuelas por sí mismo. Por otro no duda en recordar lo dura que fue con él de niño, cuánto le exigía. Le hacía llorar: tenía que ser más listo y culto que los demás. En su casa había, dice, cuatro diccionarios de sinónimos: adivinen quién tenía que empollárselos. También señala Sandi el primer recuerdo asociado a la música que guarda de su hijo: el niño, con 10 años, rapeando unas rimas escritas por él mismo, pillado in fraganti por su madre.

Por ella no sería, su Aubrey debía desarrollar sus potencialidades artísticas sí o sí: le apuntó siendo muy pequeño a clases de claqué y ballet.

La escuela judía a la que asistió, Forest Hill Collegiate Institute, sumió al casi adolescente en la melancolía: él era el único negro en una institución poblada por judíos blancos. En sus palabras, la última persona a la que invitaban a una fiesta siempre era él. Si la vida no era ya lo bastante difícil para Drake la cuestión racial estaba ahí, como la guinda, para complicarlo todo aún más. "Shvartze", negro en yídish, la palabra que definitivamente aprendió en esa escuela, la enseñanza que obtuvo de ahí. Para eso deben ser las escuelas, ¿no?, para traumatizar a los niños. O, también, pueden servir (deberían servir para eso siempre) para lo contrario, para hacer de ti un ser humano, como ocurrió con el siguiente instituto al que fue, la Vaughn Road Academy: "Había chicos que rajaban a otros chicos pero también campeones de equitación. Actores, esquiadores, raperos. Fue muy guay".

En esa época empezó a desempeñarse como actor en montajes teatrales amateur, de obras como "Los Miserables" y "El mago de Oz".

La suerte cambió por fin en 2001, cuando, a través de un conocido del instituto pasó a formar parte del reparto de "Degrassi: The next generation", una serie familiar en la que interpretaría, verbigracia a un chaval que va al instituto. No fue la panacea, en algún lugar dice que en Canadá los actores de las series de televisión no ganan más que un maestro. Su personaje no podía ser más la antítesis de lo que vivió en la escuela: era un tipo popular, que se permite andar con el abusón del colegio y aún así seguir cayendo bien a todo el mundo. Ese mundo al revés, esa mentira ficcionalizada se repetirá en las rimas que llenarían su primera mixtape, de la que hablaré en la próxima entrada del blog.

Esta serie bienintencionada y tosca obtuvo cierta repercusión en Canadá, y una más que aceptable difusión en EE.UU. Tanto es así que en la edición 23 de unos Premios Anuales para Jóvenes Artistas (Annual Young Artists Awards), celebrada en abril de 2002 en California, todo el reparto, incluido el actor conocido como Aubrey Graham, se llevaron un premio conjunto como mejor elenco de ficción dramática o de comedia de televisión. Según diversas páginas web la serie obtuvo buenas críticas, que destacaban su carácter edificante. Yo me he atrevido con los primeros seis capítulos y es como un "Sensación de vivir" sin actores guapísimos ni mansiones californianas: tramas de un supuesto realismo, que tratan cuestiones polémicas o reivindicativas, que no son más que una excusa subordinada al aire como de folletín de toda la vida de la historia principal.

Aubrey Graham aparece en segundo lugar en los créditos iniciales de la serie, tal es el relieve que se le dio a su personaje, pero no fue hasta el capítulo seis de la primera temporada que la trama le tiene como protagonista. Jimmy, su personaje, está saliendo con la chica más perfecta de su clase, Ashley, con la que tiene una relación modélica y casta. En definición de la mejor amiga de Ashley, Terri, Jimmy es "perfecto, romántico y masculino". Son, pues, tal para cual. En este capítulo un hecho fatal pone en cuestión esta relación. En un ejercicio de literatura Jimmy encarnará junto con Paige, la pija envidiosa oficial de la clase, la pareja romántica por excelencia, Romeo y Julieta. La muchacha, toda perfidia, roba novios profesional de la serie, no duda en besar a su oponente masculino en los ensayos delante de la novia de éste. Para más inri, resulta que, frente a Jimmy y Ashley, aún vírgenes, deja que rule la especie de que ella ya "lo ha hecho".

Asustada, Ashley decide comunicar a Jimmy que ha llegado el momento de ir al catre, dispuesta a demostrar que ella es tan madura como Paige. El final es todo moralizante: Ash decide en el último momento que no está preparada para eso.

A los 15 años ya teníamos al futuro rompecorazones oficial del pop llevándose a las chicas de calle, aunque fuera en la ficción. Los planos que acompaño ponen de manifiesto que ya entonces, aun con unas capacidades actorales de lo más mediocres, tenía algo, un atractivo indudable.

El sueldo que percibía por año en la serie oscilaba entre los 40 y los 60.000 dólares, una cantidad nada despreciable para un chaval que empezó en la serie con 15 años. Supongo que ganar bien desde tan tierna edad debe ser decisivo en el desarrollo de la personalidad de cualquiera: debe generar autoconfianza y, al mismo tiempo, un cierto desapego hacia nociones básicas para los pobres esclavos de la clase trabajadora, como el esfuerzo, el conservadurismo, el ahorro como principio rey. Luego veremos cómo, empezando la casa por el tejado, se movía con sus amigos en un Mercedes sin siquiera haber grabado un disco. Al mismo tiempo, al partir con esa ventaja tuvo que sufrir durante años el menosprecio de la caterva hiphopera, que suele requerir credenciales callejeros para considerar creíble al rapero de turno.

Pero aunque no pudiera "presumir" de sordidez en su vida, como no fuera la propia de la perra situación económica de su madre, tenía algo que no tenían los demás raperos y que sin duda ayuda a explicar la peculiar naturaleza de su estilo, en el que mezcla rimas y partes cantadas. Drake, es, pues, la máxima expresión del urban, fusión al fin perfecta y acabada de hip hop y r' n 'b, de sensible escanciador de súplicas, ternuras y humillaciones que pasa, sin transición, al azote verbal. Como digo, ese algo era ese padre al que habíamos dejado más arriba encarcelado. A borde del Mercury Cougar tapizado en cuero de Dennis bajaba Drake los veranos al sur, a Memphis. En la radio del coche le introducía en la tradición negra, en el soul y el rhythm & blues. Dennis sugirió a Drake, al parecer, que fusionara melodía y rap: sería su sello distintivo, lo que le haría diferenciarse y destacar sobre los demás raperos.

En cuanto a su manera de cantar, en la que más que cantar habla, Drake se inspiró en Aaliyah, la malograda estrella del r'n'b noventero que, entre las murallas de gritos de las divas Mariah Carey, Céline Dion y Whitney Houston  levantó un palacio de nueva sensibilidad de decisiva influencia en las décadas siguientes en el urban. Frente al desafuero, al "Yo puedo llegar a la nota más alta más tiempo que nadie", la sutileza y la sensualidad, nuevo credo callejero ante el kitsch de lo que se entiende por soul-pop en el mainstream.

Porqué no hacer las cosas de esa manera y no otra, debió decirse Drake. De algún modo todo le iba saliendo bien, todas las piezas iban encajando. Ser de Toronto, actor de serie juvenil, negro judío, rapero y cantante de r 'n' b, todo junto, pura suma de opuestos. La heterodoxia en el mundo del pop no suele ser bien recibida pero, por lo que fuera, todo esto acabó teniendo sentido.

Y esa forma de ser padre de su padre, a tiempo parcial, ofreciendo cosas, quedándose con la parte más fácil y agradecida, con la de ser quien consiente, el que tiene los planes divertidos, también debió marcarse a fuego en la mente de Drake: como él su función en este mundo, más allá de su trabajo en la música, era la de pavonearse, divertirse y picotear de aquí y de allá, sin insistir ni profundizar. En 2014 dice de Dennis: "Él es la alegría de la huerta. Entraría en esta habitación y antes de decir una palabra ya estaría riéndose, vestido de punta en blanco, todo conjuntado. Sí, creo que se lo debo a él [ser tan guay, entiendo]".

DRAKE: Mucho margen de mejorar.

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